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La sociedad y la religión han definido con fuego en nuestra mente muchos límites en cuanto al cuerpo desnudo y la sexualidad. Una de las “máximas” es: “el sexo sirve solo para procrear” una frase que resonando en el fondo del cerebro tiene el potencial de generar familias muy grandes y “felices”; pero también tiene el potencial de producir injusticia, tristeza y muerte. 
Esta “máxima” combinada con los privilegios que el patriarcado ha concedido al género masculino han generado mucha injusticia, dejando en el camino mujeres frustradas, madres solteras e hijes abandonades.
Pero, esta obra fotográfica se centra en los otros dos temas: tristeza y muerte.
Mi compañera y yo vivimos varias décadas en la felicidad de encuentros amorosos placenteros, y aunque en ocasiones, la mayoría para ser sincero, el placer del sexo se inclinaba más a mi lado de la balanza, esa balanza estuvo siempre equilibrada en una decisión, lo hacíamos por placer, no para procrear. 

Un evento muy doloroso afecto nuestra vida y cambiaron las prioridades. Ahora a ella le urgía une hije, tanto como a su madre le urgía une niete, tanto como a la sociedad le urgía que nos reproduzcamos.

Esta urgencia llegó cuando la biología nos tenía guardada una sola oportunidad.
Fueron meses de exámenes muy dolorosos para el cuerpo de mi compañera; y, comparado con ese dolor, la “molestia” de mis exámenes parece una broma de mal gusto:

Mi relación con mi propio placer, es decir mi masturbación debía ahora realizarse en baños extraños. Larga era la caminata en la sala de espera del laboratorio bajo la mirada escrutadora de la señora que esperaba su examen de sangre, y del niño que llevaba sus heces para el coproparasitario; yo tenía que ingresar al baño público llevando mi frasquito semitransparente para la muestra de semen, en el baño me esperaba una revista para adultos en un cajón. Minutos después estaba la eterna caminata de regreso, ahora con el frasco “lleno” para entregárselo a la enfermera. Una y otra vez.

Cuando el miedo estaba por ganar…

En mayo se gestó, lo supimos en junio, fuimos padres hasta el 15 de julio cuando su corazón dejó de latir.

Arrancados el corazón, 
sin aliento, 
tras la última lágrima, 
quedamos en blanco.

Ahora nuestra sexualidad estaba marcada por un ritmo de practicidad reproductiva y por el dolor y frustración de una paternidad demasiado corta.

Ha sido largo y doloroso el camino de recuperación de nuestra sexualidad de pareja.

Seguimos caminando con amor.
Fueron meses de exámenes muy dolorosos para el cuerpo de mi compañera; y, comparado con ese dolor, la “molestia” de mis exámenes parece una broma de mal gusto
Fueron meses de exámenes muy dolorosos para el cuerpo de mi compañera; y, comparado con ese dolor, la “molestia” de mis exámenes parece una broma de mal gusto
yo tenía que ingresar al baño público llevando mi frasquito semitransparente para la muestra de semen, en el baño me esperaba una revista para adultos en un cajón. Minutos después estaba la eterna caminata de regreso, ahora con el frasco “lleno” para entregárselo a la enfermera.
yo tenía que ingresar al baño público llevando mi frasquito semitransparente para la muestra de semen, en el baño me esperaba una revista para adultos en un cajón. Minutos después estaba la eterna caminata de regreso, ahora con el frasco “lleno” para entregárselo a la enfermera.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Cuando el miedo estaba por ganar…
Cuando el miedo estaba por ganar…
En mayo se gestó, lo supimos en junio, fuimos padres hasta el 15 de julio cuando su corazón dejó de latir.  Arrancados el corazón,  sin aliento,  tras la última lágrima,  quedamos en blanco.
En mayo se gestó, lo supimos en junio, fuimos padres hasta el 15 de julio cuando su corazón dejó de latir. Arrancados el corazón,  sin aliento,  tras la última lágrima,  quedamos en blanco.
Ha sido largo y doloroso el camino de recuperación de nuestra sexualidad de pareja.
Ha sido largo y doloroso el camino de recuperación de nuestra sexualidad de pareja.
Seguimos caminando con amor.
Seguimos caminando con amor.